25 may. 2010

CALVINO, Italo


Después de andar siete días a través de boscajes, el que va a Baucis no consigue verla y ha llegado. Los finos zancos que se alzan del suelo a gran distancia uno de otro y se pierden entre las nubes, sostienen la ciudad. Se sube por escalerillas. Los habitantes rara vez se muestran en tierra: tienen arriba todo lo necesario y prefieren no bajar. Nada de la ciudad toca el suelo salvo largas patas de flamenco en que se apoya, y en los días luminosos, una sombra calada y angulosa que se dibuja en el follaje.

Tres hipótesis circulan sobre los habitantes de Baucis: que odian la tierra; que la respetan al punto de evitar todo contacto; que la aman tal como era antes de ellos, y con catalejos y telescopios apuntando hacia abajo no se cansan de pasarle revista, hoja por hoja, piedra por piedra, hormiga por hormiga, contemplando fascinados su propia ausencia.

Las ciudades y los ojos. 3
Las ciudades invisibles, Italo Calvino.

2 comentarios:

  1. ¡Quiero irme a vivir a ese catalejo!


    (mimosparatuscasitas)

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  2. Las ciudades invisibles de Calvino es un libro expléndido... lo puedes llevar encima y leer cada fragmento en momentos sueltos.

    bonita cita (y buen gusto)

    un abrazo

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