Mostrando entradas con la etiqueta Personal archive all rights reserved. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Personal archive all rights reserved. Mostrar todas las entradas

10 mar 2015

BIRDS FROM HEART

Empecé a encontrar el equilibrio que comentaba aquí el día que por fin pudimos disfrutar de un fin de semana súper slow en Masia La Garriga. Lo necesitaba muy mucho y la verdad es que no había mejor plan para desconectar y reconectar de nuevo que ese. Tengo que decir que parte del premio me tocó en el concurso de Instagram de @masialagarriga y la otra parte fue cosa mía (necesitaba algo más que una noche para coger aire junto a mi chico, Javier Gargallo, así que decidimos alargar la estancia).

¿Y qué mejor que pintar al aire libre para "volver"?


Me llevé las acuarelas, los pinceles y trozos de papel cortado que me quedaban por casa. Él se llevó la cámara, el trípode... ¡y así salió el video!  Llegamos el viernes por la tarde/noche, disfrutamos de una cena deliciosa en la casa y descansamos en la habitación número 4 "La Gran", con vistas a Montserrat.



No tenemos palabras para describir el fin de semana en la masia. Un trato atento y familiar inmejorable, unos desayunos para salir rodando, un picnic para medio día totalmente handmade, cenas deliciosas en total tranquilidad, bosques y rutas para perderse, un cielo repleto de estrellas por las noches, amiguitos perrunos por doquier y la tranquilidad absoluta de sentirnos como en casa.


No hicimos nada en especial. No nos llevamos libros, ni tampoco salimos de escursión (aunque nos lo habíamos planteado). Disfrutamos de los alrededores e interiores de la casa, de la naturaleza animal y vegetal, del estar juntos sin nada más que hacer y le prometimos a Nuria y a su familia que volveríamos pronto. Muy, muy pronto.



16 feb 2014

Oliendo a primavera


Nunca antes había asistido a ningún taller de ningún tipo pero una cosa tenía clara, quería apuntarme a un taller de coronas de flores. En Barcelona no abundan, así que
gracias a mi cuñada, Carla, supe que en Duduá habian hecho uno anteriormente y que las plazas para asisitir se agotaban de la noche a la mañana. ¡Con mucha suerte conseguimos dos plazas! Y ayer pasamos una GRAN tarde que esperábamos como agua de Mayo.




El taller lo impartía Alichan, Alicia Aguilera (fotógrafa, coleccionista de Blythes y hacedora de preciosas coronas de flores) en Duduá y la cita era a las 17:00h de la tarde. 
La mesa repleta de flores (y un picor repentino de nariz, todo hay que decirlo), un grupo de 9 chicas y una profesora que desbordó simpatía desde el minuto 1.


Para empezar, nos enseñó su trabajo, nos habló de las diferentes formas de mantenimiento y secado de las flores y nos confesó que estábamos a punto de iniciar una relación de amor eterna, ¡un vicio! Y razón no le faltaba.

Nos explicó las distintas maneras de iniciar una corona y... como era de esperar y para no andarme con mucho texto, os enseñaré el estilo limpio y planeado de Carla y... el mío.



¡El tiempo pasó volando! Las 9 estábamos ultra concentradas y en silencio haciendo nuestras coronas cuando nos dimos cuenta que tan solo quedaba media hora para las 20:00h de la tarde. ¡Hay que decir que se trata de un trabajazo de chinos! Pero nada que con paciencia y mucho cariño no se pueda hacer. 



Los resultados fueron de lo más variados y todos preciosos. Lo curioso fue ver como cada corona formaba parte de un estilo personal y como conjuntaba con el vestir de cada una en aquel momento. Yo salí por la puerta con mi corona puesta (nada discreta porque yo soy de las que "cuanto más grande mejor") y una sonrisa de oreja a oreja. Habrán más tardes como esta, ¡eso seguro! 


No es perfecta porque tiene un lado más cargadito que otro pero a mi me encanta... No sé como será su secado, ni como quedará finalmente pero es parte del encanto.

¿Conclusión? Recomendado 100%.
No será mi última corona, ni tampoco el último taller al que asistiré porque resulta ser un planazo y la compañía fue inmejorable.

30 ene 2014

Lady Madrid

Antes de empezar...
Esta es una entrada que tenía pendiente desde hace tiempo, de esas que se te quedan en la cabeza y te impiden seguir con el resto con normalidad. Para aquellos que me preguntaron sobre mi ruta un tanto "foodie" por Madrid y para eliminar una cosa más de mi lista de tareas. 


Escapamos a Madrid el pasado Noviembre por trabajo, no por el mío, así que tuve la suerte de poder meterme en su maleta, subirme al coche y viajar a su lado para disfrutar y conocer un poquitín más la capital. Salimos de Barcelona a las 5 de la madrugada y mirando por el espejo retrovisor tuve la sensación de haber levantado el sol para el resto del mundo. Llegamos alrededor de la 13:00h, habiéndonos parado para desayunar y estirar un poco las piernas. Después de pasar por el hotel y avisar de nuestra llegada, fuimos a comer. No fue tan rápido como buscar el primer restaurante cercano, no. Nos fuimos de la Calle de Atocha hasta el barrio de las Salesas y allí encontramos Lo Siguiente.

Un bistro-bar de mesas altas e interior cosmopolita. Acogedor, fresco, comida de calidad y precios razonables. ¡Empezamos bien! Al salir y con la tripa llena, paseamos por la zona, hicimos un reconocimiento y...como no iba a disfrutar de la buena compañía todos los días decidimos pasar la tarde en el Retiro.




"El parque del Retiro luce precioso en otoño" lo había leído aquí y allí... y es cierto: sus colores, la luz, la temperatura... ¡y el Palacio de Cristal! una maravilla... Pasamos la tarde con cámaras en mano e imaginando esto, aquello y lo otro. 



Volvimos al hotel para abrigarnos un poquitín más y seguir visitando (y caminando) hasta la hora de cenar por el barrio de las Letras.


Conocimos La Taberna del Chato gracias a "Madrid Cool Blog", queríamos cenar de pinchos y fue todo un acierto. A medio camino entre los pinchos y los montaditos, todos deliciosos, con una presentación cuidada, servicio amabilísimos (todo hay que decirlo) y  precio más que asequible.




Al día siguiente desayunamos en la panadería/cafetería Harina con vistas a la Puerta de Alcalá (y la mar de a gusto) para volver a disfrutar del Retiro, visitar la biblioteca y aprovechar las pocas horas en compañía. Después de comer cerca del hotel me quedé sola y dispuesta a trastear Madrid de punta a punta, pedí consejo a mis seguidores de instagram y resultaron ser mejor que una guía, un blog o cualquier otra cosa. 
¿Primera parada para merendar? Olive.



La crêperie Olive la tenía apuntada en mi libretita de sitios a los que quería ir. Desde que empecé a seguir Con Botas de Agua mis ganas de visitar Madrid iban creciendo y gracias a Bea y a la guía Mamma Proof pude disfrutar de lugares como este. ¡Y de una crêpe de nutella de vicio!
Pasé el resto del día caminando de un lado a otro, sin soltar la  cámara, foto aquí, foto allí... localizando restaurantes y lugares de mi lista hasta llegar a la La Central de Callao (C/ Postigo de San Martín, 8) y perderme entre estanterías de libros. A la hora de cenar volví a estar acompañada de Xavi y de un amigo nuestro, David. 


Al día siguiente tenía decidido visitar todas las cafeterías, restaurantes y pastelerías que me fueran posible. De ese modo iba conociendo nuevas zonas de la ciudad gracias a la ruta que me había marcado. Así que si para ello debía desayunar dos veces, tomar tés aquí y allí y comer más veces al día de lo normal, lo haría. ¡Sacrificio donde los haya! Así que a las 8 de la mañana entré en Fonty y... me trasladé a Francia.
Su nombre hace referencia a la ciudad francesa Fontainebleau y de su interior no hay que decir que es de 10. Ambiente cálido para empezar la mañana disfrutando de un buen desayuno, con aires entre parisinos y de la costa este de EEUU, con obrador a la vista de todos, pastelitos con una pinta deliciosa y con pinceladas del mismo azul, el mismo "bleau", en diferentes elementos del interior. ¡Me encantó!



A lo largo de la mañana, en el barrio de Salamanca, me encontré con El Kiosko del Pan (C/ de Don Ramón de la Cruz, 67) y entré a tomar un té. Podéis conocerlo bien, aquí, es otro de los lugares que conocí a través del blog de Bea.
Visité también Federica & Co y me enamoré perdidamente del lugar y de todo.


Para la hora de comer me dirigí a Motha (Calle de Santa María, 39). Eran tantas las recomendaciones y ¡tan acertadas! Resulta que lo tenía a tiro de piedra del hotel, así que no lo dudé ni un segundo y fue todo un flechazo. Motha, handmade, con espiritu slow life y eco-friendly en barrio de las letras ¡y aceptan mascotas!, nada más entrar, una pared de pizarra te da la bienvenida y la carta del día/semana. Disfruté del mejor cous-cous, la mejor crema de calabaza, un delicioso bizcocho de limón... me gustó tanto que volví al día siguiente.



La tarde la pasé de compras y disfrutando del atardecer en la azotea del Círculo de Bellas Artes, de una merienda con David y una visita al Mercado de San Antón. La cena, en compañía de nuevo, fué una cena romántica y tranquila en el café La Fábrica. 


Última mañana en Madrid y último desayuno. Así que me planté en el barrio de La Latina para disfrutar del desayuno en Café Molar (C/ de la Ruda 19) y sus libros. Allí compré el libro de la ilustradora Laura Pacheco, Le'ts Pacheco! Una semana en familia, de la que me declaro fan, de ella y de su blog. Café Molar es una cafetería-librería, acogedora, sencilla, rodeada de libros y vinilos y una sala de exposiciones en la planta baja.


Paseando por el centro después de comer me encontré con la famosa Chocolatería de San Ginés ¿y qué queréis que os diga? Sí, entré y pedí unos churros con chocolate deseando que mi plan de haber visitado Madrid a pie cumpliese con su parte.

Para la próxima vez me quedaron por degustar los siguientes lugares :

Maricastaña, Bar & Kitchen Corredera Baja de San Pablo, 12
Olivia te cuida Santa Teresa, 8
La Mimé C/ Padilla, 41
Magasand C/ Columela, 4
Pomme Sucré Barquillo, 49
Luzi Bombón Castellana, 35

12 ene 2014

Una cabaña en un árbol

Desde luego no habría imaginado una mejor manera de finalizar las fiestas navideñas y empezar el año con las pilas más o menos cargadas, hasta que llegamos a Sant Hilari Sacalm (Girona) y pusimos los pies por primera vez en lo que sería nuestro nido por unos días: una cabaña en un árbol.

Desconectar juntos y pasar unos días en calma era uno de los regalos que le hice a Xavi para Reyes. Llevábamos tiempo queriendo exiliarnos a la montaña, vivir la experiencia de dormir en lo alto de un árbol y cumplir el sueño de nuestros niños internos pero las "Cabanes als arbres" están la mar de solicitadas de invierno a otoño, así que imagino que fué un golpe de suerte encontrar fecha.



PitRoig, así se llamaba nuestro nido. Una cabaña no muy alejada de la casa rural, a 5 m de altura, plantada en un Aveto Douglas y con vistas a un  amanecer con todos los colores posibles. 




Nada más llegar, dejamos nuestras cosas y nos lanzamos a reconocer la zona. Queríamos aprovechar las horas de luz y encontrarnos con el atardecer al otro lado de la montaña. Y así fue.


El silencio nos acompañó en nuestro paseo. La calma era tal que al principio nos tenía inquietos. No hacía mucho frío, el aire fresco y el olor a montaña eran vida. Solo disponíamos de un walkie-talkie para comunicarnos con la casa rural, un mapa y unos frontales para cuando anocheciera. Ni cobertura, ni wifi, nosotros, el bosque y las cámaras de fotos. 


Se hizo de noche a las 6 y poco. Volvimos a nuestra cabaña a oscuras y sin pensar demasiado en los animales que viven en el bosque (por si a caso...). Hicimos tiempo hasta la hora de cenar, una cena con productos 100%  ecológicos y súper rica. Podíamos escoger entre cenar en la cabaña o en la casa pero preferimos ir a la casa, ya que sabiámos que el desayuno del día siguiente lo disfrutaríamos en nuestra acojedora cabaña.


Después de una noche a la luz de las velas, despertamos para ver el amanecer desde la cama y volver a dormir un ratito más. El desayuno nos esperaría a las 9 de la mañana metido en un cesto de mimbre y colgado de una cuerda, listo para subirlo a nuestro nido y disfrutar de él, el piar de los pájaros y la luz de una mañana fresca. 


Todo lo que os pueda explicar de esos días es poco. Volver se hizo difícil,  el sonido del whatsapp nos molestaba, pensamos en hacernos okupas de nuestra PitRoig para no volver jamás pero...volvimos. Una experiencia que recomiendo al 100%.


P.d: Para los que me preguntaban, en las cabañas no hace pizca de frío (fotos aquí). En invierno el bosque tiene mucho que darnos y en el exterior no hay nada que no se solucione con un abrigo y unas botas.