12 ene. 2014

Una cabaña en un árbol

Desde luego no habría imaginado una mejor manera de finalizar las fiestas navideñas y empezar el año con las pilas más o menos cargadas, hasta que llegamos a Sant Hilari Sacalm (Girona) y pusimos los pies por primera vez en lo que sería nuestro nido por unos días: una cabaña en un árbol.

Desconectar juntos y pasar unos días en calma era uno de los regalos que le hice a Xavi para Reyes. Llevábamos tiempo queriendo exiliarnos a la montaña, vivir la experiencia de dormir en lo alto de un árbol y cumplir el sueño de nuestros niños internos pero las "Cabanes als arbres" están la mar de solicitadas de invierno a otoño, así que imagino que fué un golpe de suerte encontrar fecha.



PitRoig, así se llamaba nuestro nido. Una cabaña no muy alejada de la casa rural, a 5 m de altura, plantada en un Aveto Douglas y con vistas a un  amanecer con todos los colores posibles. 




Nada más llegar, dejamos nuestras cosas y nos lanzamos a reconocer la zona. Queríamos aprovechar las horas de luz y encontrarnos con el atardecer al otro lado de la montaña. Y así fue.


El silencio nos acompañó en nuestro paseo. La calma era tal que al principio nos tenía inquietos. No hacía mucho frío, el aire fresco y el olor a montaña eran vida. Solo disponíamos de un walkie-talkie para comunicarnos con la casa rural, un mapa y unos frontales para cuando anocheciera. Ni cobertura, ni wifi, nosotros, el bosque y las cámaras de fotos. 


Se hizo de noche a las 6 y poco. Volvimos a nuestra cabaña a oscuras y sin pensar demasiado en los animales que viven en el bosque (por si a caso...). Hicimos tiempo hasta la hora de cenar, una cena con productos 100%  ecológicos y súper rica. Podíamos escoger entre cenar en la cabaña o en la casa pero preferimos ir a la casa, ya que sabiámos que el desayuno del día siguiente lo disfrutaríamos en nuestra acojedora cabaña.


Después de una noche a la luz de las velas, despertamos para ver el amanecer desde la cama y volver a dormir un ratito más. El desayuno nos esperaría a las 9 de la mañana metido en un cesto de mimbre y colgado de una cuerda, listo para subirlo a nuestro nido y disfrutar de él, el piar de los pájaros y la luz de una mañana fresca. 


Todo lo que os pueda explicar de esos días es poco. Volver se hizo difícil,  el sonido del whatsapp nos molestaba, pensamos en hacernos okupas de nuestra PitRoig para no volver jamás pero...volvimos. Una experiencia que recomiendo al 100%.


P.d: Para los que me preguntaban, en las cabañas no hace pizca de frío (fotos aquí). En invierno el bosque tiene mucho que darnos y en el exterior no hay nada que no se solucione con un abrigo y unas botas.

2 comentarios:

  1. que maravilla de sitio!me lo apunto :D
    gracias por decubrírmelo!
    Llevo años detrás del Sony Angel Bambi^^

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  2. Me ha encantado tu post Verónica. No conocía este sitio tan mágico y la verdad me ha gustado mucho (y eso que yo soy muy urbana) Besos
    PD: Por cierto a ver cuando tienes un rato y te pasas por mi blog a recoger tu premio "Conóceme" ;)

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